Ponencia presentada el 23 de noviembre de 2025, en el evento patrocinado por la Revista Cultural Masónica Internacional “Cadena Fraternal”, por la Serenissima Gran Loggia Nazionale Italiana y por el Instituto Universitario Claustro Iberoamericano de Ciudad de México.
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Por Margarita Rojas Blanco M.·. M.·.
Gran Canciller de la Gran Logia Central de Colombia
Representante de CLIPSAS para el continente americano
Gran Canciller de la Gran Logia Central de Colombia
Representante de CLIPSAS para el continente americano
En estos tiempos en que la masonería se mira al espejo y se repite, como un mantra gastado, palabras solemnes sobre fraternidad, deber y humanidad - esas mismas palabras que suelen evaporarse antes de tocar la realidad-, conviene recordar que alguna vez existió un hombre para quien el discurso no bastaba. Un hermano que no se conformó con la música ceremonial ni con los bordes dorados del mandil, porque para él la fraternidad era un verbo y no un adorno. Garibaldi -ese loco hermoso, ese soldado de dos mundos que parecía caminar con el viento en la espalda- llevó la masonería fuera del templo, a las calles, a los barcos, a las montañas donde se jugaba la libertad con los dientes apretados. Mientras muchos se quedaban en las columnas hablando de lo que debería ser, él lo hacía. Y en ese contraste, tan brutal y tan necesario, se abre la puerta de este artículo.
Entre los nombres que la historia universal asocia con los augustos misterios de la masonería, pocos brillan tanto como el de Giuseppe Garibaldi (1807–1882). Fue un reconocido estratega militar, revolucionario humanista y organizador de la unidad italiana. Todo un masón enormemente comprometido con la causa: iniciado en 1844, miembro activo de diversas obediencias, Gran Maestre del Gran Oriente de Italia, y símbolo de la fraternidad universal que traspasó fronteras. Era un masón activo y cotizante que llevaba sus ideales más allá del discurso pomposo del Taller.
Un grupo de inmigrantes
franceses fundaron en Montevideo la "Logia Les Enfants Du Nouveau
Monde" que solicitó su carta patente en 1842 del "Gran Oriente
Francés", llegando el 16 de junio de 1844 con el distintivo "Les
Amies de la Patrie". Esta logia funcionó hasta 1937 y en ella, en agosto
de 1844, fue iniciado el "Héroe de dos mundos" Giuseppe Garibaldi,
quien es recordado en el interior del Palacio Masónico por la "Gran Logia
del Uruguay" con un cuadro y una placa con la leyenda: "La Masonería
Uruguaya a José Garibaldi, 4 de Julio de 1907".
Se puede decir que su “primera
iniciación” fue en una logia denominada “irregular” “L’Asil de la Vertud”, del
Gran Oriente de Uruguay y poco después su condición fue “regularizada” en la
logia “Les Amis de la Patrie”, lo que le otorgó reconocimiento masónico
“oficial” según la obediencia del Gran Oriente de Francia. Esa discriminación
odiosa entre regulares e irregulares ha existido toda la vida y Garibaldi la
vivió y se ajustó a ella. Ahí no lo vi tan libre para mis gustos, pero bueno,
luego se reivindicó.
La vida de Garibaldi puede
leerse como una plancha continua en la que se funden armoniosamente tres
ideales profundamente masónicos: libertad, igualdad y fraternidad y vamos a ver
por qué.
Aunque nació en Niza,
Garibaldi no perteneció jamás a un solo país: su logia fue la humanidad. Antes
de convertirse en héroe de la unificación italiana, luchó por la libertad de
otros pueblos oprimidos latinoamericanos. Fue un Simón Bolívar europeo.
Su vida internacionalista puso
de manifiesto un principio profundamente masónico: la dignidad humana no reconoce fronteras. Fue un masón universal, y es que su afiliación
masónica no fue solo un adorno biográfico: fue una fuente de orden ético y de
disciplina interior. Para él, la masonería representaba una república moral, un
espacio sin tiranos, una escuela donde el deber supera al ego y un templo
simbólico para pulir la piedra bruta del carácter.
Garibaldi ascendió rápidamente
hasta convertirse en Gran Maestre del Gran Oriente de Italia en 1864 y Soberano
Gran Comendador del REAA, desde donde impulsó la masonería como fuerza de
emancipación social, educación popular y laicidad.
Durante su vida, Garibaldi
rechazó honores, recompensas y coronas. Rechazaba las “chapitas” como les dicen
en Argentina a las medallas. Su lucha no era por el poder, sino por el derecho
de los pueblos a decidir su destino. Algunos lo tildaron de aventurero, pero esa
renuncia voluntaria a los honores fue un gesto de maestría interior que revela
una profunda fidelidad a los principios masónicos.
Su legado político incluye la
unidad italiana bajo instituciones civiles, la defensa de la educación pública,
la resistencia al clericalismo político, la protección de minorías y
perseguidos y la concepción del ciudadano como sujeto activo y soberano de derechos
y deberes.
Garibaldi representa un tipo
de masón hoy día muy escaso: el que convierte el símbolo en vida cotidiana, la palabra
en acción, el ritual en compromiso ético. Acta non verba.
Entre los valores que más encarnó se encuentran:
- Coraje moral: no se sometió jamás a un tirano, aunque ello le costara exilios, persecuciones y heridas.
- Humildad: rechazó títulos y recompensas materiales. Prefería ser llamado “simple soldado de la libertad”.
- Fraternidad práctica: protegió a perseguidos políticos de diversas naciones sin pedir nada a cambio.
- Universalismo: comprendió la masonería como una comunidad humana fundamentada en la razón y la justicia, no en una obediencia ciega.
Su
influencia es visible en las democracias modernas, la idea de ciudadanía
universal, los movimientos laicos, el internacionalismo, la lucha contra el
autoritarismo y la masonería liberal del siglo XIX y XX.
Garibaldi no fue solo un
estratega brillante: fue uno de los pocos líderes capaces de inspirar a civiles
para convertirlos en una fuerza eficaz guiada por ideales.
Entre sus victorias más notables se encuentran:
La
defensa de la República de Río Grande do Sul (Brasil) - 1836
- Se unió a los Farrapos y contribuyó decisivamente a la resistencia contra el Imperio brasileño (1836-1841).
- Su liderazgo naval y terrestre consolidó su reputación de estratega audaz.
La defensa de Montevideo -
1846
- Formó la Legión Italiana y defendió la ciudad durante la Guerra Grande (1846-1848).
- Su participación salvó a Uruguay de una dictadura regional, ganando notoriedad internacional.
La defensa de la República
Romana - 1849
- Comandó la resistencia contra las tropas francesas enviadas por Napoleón III.
- La defensa de Roma se convirtió en un símbolo del republicanismo europeo.
La Expedición de los Mil - 1860
Este es su logro militar más trascendental.
- Lideró un ejército de voluntarios, la famosa camicie rosse: los camisas rojas.
- Derrotó al Reino de las Dos Sicilias en una campaña relámpago.
- Entregó los territorios conquistados al rey Víctor Manuel II sin pedir nada para sí.
Este acto fue decisivo para la
unificación de Italia. Sin su campaña de 1860, Italia probablemente no habría
logrado la cohesión territorial que alcanzó en el siglo XIX.
Tras la Expedición de los Mil,
pudo haberse proclamado rey o dictador del sur de Italia, pero renunció y
entregó el poder.
Su figura inspiró a
revolucionarios y reformistas de Europa y América Latina. Nombrar a “Garibaldi” era invocar la idea de libertad republicana. Esto le generó
amores y odios.
Como miembro del Parlamento
italiano, fue diputado en varias ocasiones y apoyó iniciativas vinculadas a la educación
pública, los derechos civiles, la reforma social, la laicidad del Estado y el fortalecimiento
del Parlamento frente al poder monárquico y clerical.
Asiló y apoyó activistas
perseguidos por regímenes autoritarios, consolidando una tradición
humanitarista que continúa en Europa. Garibaldi no fue solo un militar ni un
político: fue un humanista práctico.
Promovió activamente la
enseñanza gratuita, sin dogmas, como base de una sociedad libre, apoyó la
emancipación femenina, algo avanzado para su época, denunció públicamente la
esclavitud en América y Europa, influenciando círculos abolicionistas que le
prestaban mucha atención.
Fomentó una masonería laica, humanista,
republicana, defensora de la libertad y la educación y comprometida con la
justicia social. A partir de su liderazgo,
múltiples logias en Europa y América Latina lo reconocieron como referente moral.
Su nombre aún se encuentra en templos, logias y monumentos masónicos del mundo.
Las logias masónicas a las que
perteneció con comprobación mediante actas son:
Logia | Ciudad | Año |
Les Amies de la Patrie | Montevideo | 1844 |
Figli della Vedova | Florencia | 1860s |
Il Progresso | Caprera | 1860s |
Palingenesia | Turín | 1860s |
Garibaldi vivió según sus ideales. Su vida fue una coherencia radical entre pensamiento y acción. Se convirtió en símbolo global de libertad. Revolucionarios, artistas, educadores y masones han visto en él un modelo de integridad y heroísmo humanista.
Y así, cuando el humo de las
palabras se disipa y quedan sólo los gestos verdaderos, Garibaldi vuelve a
aparecer como una suerte de recordatorio incómodo, un hermano que no pidió
permiso para encender la antorcha que otros apenas señalaban en sus discursos.
Romántico
o aventurero, Garibaldi no vino a recitar los principios: los vivió, los
desgastó, los manchó de sudor y de pólvora. Y quizá por eso mismo incomoda,
porque nos deja sin coartadas. Frente a él, nuestras excusas se vuelven
hilachas y nuestros discursos, ecos huecos en un templo demasiado cómodo.
Garibaldi nos mira desde su fuego antiguo -no para pedir homenajes, sino para
interpelarnos- y nos pregunta qué haremos ahora, nosotros, los herederos de una
fraternidad que aún espera convertirse en acción.
Esa pregunta queda suspendida,
abierta, como una luz que parpadea en mitad del camino y no admite silencio. Acta
non verba.
Q Hna Margarita muchas felicidades, porque en pocas líneas describió la vida y obra del gran Hermano Masón Giuseppe Garibaldi.
ResponderEliminarMuchas gracias por compartir esta ponencia
Great work dear sister. Congratulations👆
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